domingo, 9 de febrero de 2014

Relativismo Moral y otros signos de la Apostasía

Profundamente triste, por las muchas muestras a mi alrededor que señalan al cumplimiento de lo que está escrito en 1 Ti.4:1.

No es un fenómeno de incredulidad colectiva entre los que no conocieron a Cristo, muy a pesar de haber cumplido con aquellos sacramentos que exige la curia romana, casi siempre bajo la excusa de la tradición familiar y social; se trata de un fenómeno incipiente pero avanzado, donde muchos creyentes y líderes eclesiales están cuestionando la autoridad e inspiración de la escritura. Los argumentos son conocidos, y en ocasiones no exentos de razón histórica; como por ejemplo el hecho de que algunos libros del Nuevo Testamento no fueron aceptados por muchas comunidades cristianas de Asia menor en los primeros siglos de la Iglesia (2ª de Pedro, Santiago, Judas, 2ª y 3ª de Juan, principalmente) hasta que ya en el siglo IV, Atanasio propuso en su encíclica el canon que después fue ratificado en el sínodo de Laodicea y en los concilios de Cartago e Hipona. Sin embargo, la canonicidad de estos libros a día de hoy, no es cuestionada por la iglesia en base a sólidos argumentos que demuestran la apostolicidad e inspiración de los mismos; pero en cualquier caso, es una buena excusa para cuestionar la correcta transmisión del texto sagrado y su contenido por parte de quienes se posicionan en contra de la tradición, y en favor de "reinventar" el cristianismo; Un cristianismo que acoge e integra de forma "piadosa" la homosexualidad como legítima "orientación natural", que acepta y justifica la posibilidad de las relaciones sexuales fuera del matrimonio; que acepta como legítima la reinterpretación del modelo de familia; que coloca en un plano secundario la enseñanza bíblica y tilda de retrógrados a quienes aún defienden como innegociable el estudio teológico serio (el espíritu de Berea que parece estar en vías de extinción en la iglesia modernista) y todo esto en favor de una predominante labor de corte social, al más puro estilo ONG, como si la iglesia no tuviese otra razón de ser. Y no es que la labor social de la iglesia deba estar desatendida, ni mucho menos; pero Jesús nos mostró claramente cuál es el modelo en Mr.6:34-42, primero imparte el alimento espiritual, después les abastece del alimento físico. Ambos son absolutamente necesarios.


En definitiva, malos tiempos para la tradición. Malos tiempos para ser beligerante en medio de una sociedad eclesial cada vez más permisiva, bobalicona e indolente. Malos tiempos para la popularidad de los ministros que se atreven a ejercer de profetas para señalar los pecados del pueblo; por el contrario, buenos tiempos para los ministros de Hugo Boss y reluciente Rolex que profetizan lo que queremos oír, mientras nos vacían los bolsillos con seductoras promesas bíblicas, generalmente distorsionadas y premeditadamente manipuladas. Buenos tiempos para los ministros envueltos en una modernista presentación, fruto de una minuciosa labor de marketing creativo, que con aspecto piadoso nos instan a desatender las cosas que oímos al principio (contraste con Fil.4:9) para centrarnos en ejecutar sus propuestas cargadas de humanismo recalcitrante y oquedad evangélica.
Malos tiempos para los que hace un azote de cuerdas para expulsar a los comerciantes de lo inmundo. Buenos tiempos para quienes montan los tenderetes argumentales que producen esterilidad espiritual. Nunca en la iglesia se vio tanta gente inquieta y confundida; y es que hay demasiados escaparates luminosos a nuestro alrededor; pero aquel bendito libro, aparece (si aparece) cubierto de polvo en algún rincón de nuestros hogares, porque ya no hay quien enseñe la sana doctrina. Hay muy pocos Felipes impulsados al desierto para encontrarse con los etíopes hambrientos de comprensión y entendimiento; porque al fin y al cabo, todo es cuestionable....¿no?

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