domingo, 9 de febrero de 2014

Prestidigitadores del Espíritu Santo

Profesionales o amateurs del ilusionismo espiritual que impera en muchas de nuestras iglesias; no disimulan su pretenciosa habilidad de sacar la paloma de sus chisteras cuando les place. En el momento más oportuno, cuando los fieles se agolpan ávidos de sensaciones que les permita aliviar su cansancio, su desesperada necesidad de sentir algo diferente, lo que sea, que pudiera interpretarse como la presencia de Dios mismo.
Organizan la agenda del Espíritu Santo con la osadía de quienes anuncian el lugar, el día y la hora en la que Dios hará su aparición estelar para regocijo de las masas. Luz y taquígrafos para un mesías vestido con túnica de lentejuelas.
Otros viven agazapados tras una poco convincente buena voluntad; líderes y pastores honrosamente equivocados, que se apoyan en la sensiblería emocional para crear el clima adecuado antes de golpear la chistera con la barita mágica y...¡voilá! ¡el milagro está servido!; el toque divino que marca la diferencia para los próximos minutos, quizás horas, antes de que el afortunado/a descubra sin querer reconocerlo que las cosas en Dios suelen ser más complejas de lo que pretende el prestidigitador.
Sin embargo, la paloma vuela libre; fiel a quien la destinó para nuestro beneficio. Siempre conectada a un propósito más elevado que el de hacer cosquillas en el alma. Dispuesta a descender sobre los hijos para impartir carácter, consuelo, sabiduría, poder, amor.
Difícilmente se meterá por propia voluntad en la chistera del ilusionista; antes lo hará en su corazón y le guiará a toda verdad por amor del nombre que es sobre todo nombre; o al menos eso espero.


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